Entrevista a Eduardo Villanueva

Por Jorge Mendoza

El teatro y la danza son la verdadera religión. 

Eduardo Villanueva

El 23 de octubre del 2013, Eduardo Villanueva tomó por sorpresa a conocidos y relacionados con la noticia de celebrar el veinte aniversario del Taller de Danza Moderna, compañía que dirigió junto a Felipe Vicini hasta 1996, año de su clausura. La noticia circuló de boca en boca y en las redes sociales. El evento tuvo lugar en el Teatro Guloya, donde el reencuentro con todos aquellos que fueron integrantes del TDM en algún momento, se tradujo en besos y abrazos, en un intercambio de miradas de reconocimiento y complicidad.

El taller entró en crisis en 1993 a raíz de la pérdida de algunas de sus principales figuras,  quienes más adelante fundaron El Centro de Danza Contemporánea, de efímera existencia. Luego se retiraría Edmundo Poy, quien, en ese momento, realizaba un trabajo coreográfico sobresaliente al frente del Grupo de Danza Moderna CODETEL.

El maestro Eduardo Villanueva se retiró de la vida pública hace unos años, al ingresar a la hermandad de los monjes cirtenciences trapences. Cesó en sus funciones en la Fundación Sinfonía, la emisora y otras ocupaciones, lo cual nos llevó a pensar que allí se quedaría el resto de su vida. Sin embargo, tiempo después, casualmente, lo encuentro en el Centro León en Santiago, orientando a unos turistas como parte de su trabajo con los monjes. Esta entrevista es resultado de ese encuentro junto con algunas conversaciones posteriores, presenciales y virtuales, y ahora son publicadas en este espacio.

1- ¿Podría decirse que su carrera coreográfica inicia de manera discreta con Clara Elena Ramírez en 1979 cuando realiza el montaje de una pieza dentro de su espectáculo?
A decir verdad, mi carrera coreográfica empezó de manera bastante espectacular, ya que fue antes de 1979, cuando regresé de mis estudios de danza en Viena (Austria) de 1974 a 1975, y Doña Clara me dio la oportunidad de coreografiar una pieza para las mejores bailarinas del país. Se tituló “La Danza de los Abanicos” con música de Vivaldi arreglada por el guitarrista Siegfried Behrend. La coreografía estaba inspirada en las formas antiguas del ballet, según las investigaciones de la profesora rumana Eva Campianu. Mireya Carbonell realizó el vestuario en color rojo chino, y me sentí muy honrado de poder contar con esos talentos en la plenitud de sus respectivas carreras, lo que garantizó una interpretación muy acertada y elegante.

2- ¿Qué significó el haber disfrutado del espectáculo de artistas extranjeros reconocidos, gracias a que su padre era empresario y propietario de varios teatros?
Lamentablemente mi padre no fue propietario de teatro alguno, sino arrendatario del “Independencia” (donde actualmente se encuentra Telemicro) y del desaparecido “Julia” (posteriormente “Estela”), ubicado en la Avenida Duarte, donde hoy está Plaza Lama. Mi padre, Rafael T. Villanueva Garmendía, era representante de Películas Mexicanas, S. A. De C. V., lo cual me daba acceso gratuito a todos los cines del país.
Pero tanto o más que los espectáculos que vi desde temprana edad, me impresionaron las conversaciones de grandes actores, cantantes, músicos y bailarines de México, España, Argentina, Cuba, Venezuela y Perú, pues eso me preparó para aceptar la diversidad y enriquecerme de ella. En casa conocí a Celia Cruz, Pedro Vargas, Yma Sumac, Libertad Lamarque, Germán Valdez (“Tin-Tán”), María Antonieta Pons, Ramón Pereda, Ninón Sevilla, Rosita Quintana, Carmen Sevilla, Tongolele, Hugo Avendaño, Demetrio González, Sara Montiel, Leopoldo Fernández (“Trespatines”), Mimí Cal (“Nananina”) y muchos otros. Por supuesto, también enriquecieron mi infancia artistas dominicanos de la talla de Luis Rivera, Casandra Damirón, Josefina Miniño, Rafael Sánchez Cestero, Olga Azar, Arístides Incháustegui, Ivonne Haza, Carlos Piantini, Napoléon Dhimes, Guarionex Aquino, Antonia Blanco Montes, Carmen Rull, Santiago Lamela Geler y, por supuesto, a Clara Elena Ramírez. Con estas influencias, no podía ser menos que artista.

3- Cuando decide fundar el Taller de Danza Moderna, ¿cómo surge, más que el nombre, el concepto de taller? Usted tenía como precedente el Cuerpo de Danza Moderna del INTEC.
Realmente, no “decidí” fundar el Taller de Danza Moderna, sino que fue un desarrollo orgánico de unas clases de danza en el Gimnasio “Ketty”, que estaba ubicado en la Avenida Abraham Lincoln casi esquina Gustavo Mejía Ricart. Una de sus directoras, Margarita Velázquez de Nadal, me invitó a dar una clase semanal, y el grupo se entusiasmó tanto, que terminamos dando dos y tres clases de danza moderna al día, con las técnicas de Martha Graham, Lester Horton y José Meier. Al cabo de un par de años, con el apoyo de Lourdes Ramírez, María Luisa Valdez, Andreína Jiménez y Tancredo Tavares (estos dos últimos del Cuerpo de Danza Moderna del INTEC), hicimos una producción para el Teatro Nacional con escenografía y vestuario de José Miura, a beneficio de la Liga Dominicana Contra el Cáncer: “La casa de Bernarda Alba”. Era un grupo muy heterogéneo, con bailarinas desde quince hasta cincuenta y tantos años de edad. De ahí surgió el nombre de “Taller”, para subrayar una agrupación siempre en construcción, en evolución. En once años, hicimos unas veinte grandes producciones, y otras tantas en menor escala para espacios menos amplios que el Teatro Nacional. El Taller de caracterizaba por la dedicación de sus integrantes, quienes se entregaron en cuerpo y alma a la danza sin límites de hora. Con el paso del tiempo, se integraron actores y actrices, así como danzantes de otros grupos y academias. Llegamos a tener como invitados a Lourdes Novoa e Iván Monreal, del Ballet Nacional de Cuba. Eran otros tiempos.

4- En el TDM había “tres tipos de intérpretes”: Talentos como el de Lourdes Ramírez, Andreína Jiménez y Jochi Muñoz con formación en ballet, como el de Edmundo Poy con una formación muy ecléctica, entre los cuales, muy jóvenes, también estaban Ginny Ocaña, Rosa Rodríguez, Ismenia Morales, Karla Wittkop, Fátima Coste, Denise del Villar, cuya formación inicial fue responsabilidad suya, siendo Tancredo Tavarez su máximo ejemplo; y por supuesto había integrantes en la madurez como Margarita Copello Rodríguez, Leda Cuello, Ana Delia Araújo, Bárbara Clavijo… los que conforman el primer grupo gozan de reconocimiento en el ámbito de la danza dominicana, pero el resto no ha sido tratado con justicia, porque el país privilegia a bailarines con formación académica. ¿Qué puede expresar de estos intérpretes?
Creo que el éxito de los integrantes del Taller de Danza Moderna radicó en que en los montajes tratamos de que nadie hiciera algo fuera de sus posibilidades. Cuando yo creaba una coreografía, no era porque tenía el deseo de llevar a escena tal o cual tema, sino porque las y los danzantes me inspiraban a utilizar un tema o argumento en particular en que pudieran lucirse. Ellas y ellos no se adaptaban a mi deseo creador, sino que mi creatividad se inspiraba en ellas y ellos. Yo veía a Elektra, Orestes, Bernarda Alba, Adela, Martirio, Simbad el Marino, Alceste, etc. y los llevaba al escenario. Cuando empezamos a colaborar con más artistas plásticos nacionales, ellos también azuzaron mi inspiración con sus obras.
En cuanto al reconocimiento, creo que la satisfacción de haber encarnado personajes interesantes en producciones serias es ya un reconocimiento, pero para fines de ayudar a la memoria colectiva del arte nacional, estamos recopilando todo el material filmado que podamos encontrar, pues afortunadamente hubo personas que se encargaron de filmar muchos de los montajes y sus respectivos ensayos, lo cual nos ha servido de mucho.

5- Tomando en cuenta los prejuicios y la novedad de trabajar con “un valeroso grupo de aficionados al arte que buscaban un medio de expresión más orgánico y diferente al ballet clásico” ¿Qué significó La casa de Bernarda Alba para usted? ¿La obra de García Lorca implicó un trabajo de adaptación a danza tal como lo hiciera Antonio Gades con Bodas de sangre del mismo autor?
“La casa de Bernarda Alba” es una de las piezas más queridas del repertorio del Taller de Danza Moderna, y la primera en ser estrenada por el grupo, en octubre de 1985. No es una obra pretenciosa, pero tiene un “momentum” visceral que funciona para todos los públicos. Marianne de Tolentino escribió que la pieza fue presentada “con impactante sencillez”, que era precisamente lo que queríamos. Era la obra ideal para un grupo integrado casi totalmente por mujeres, con la novedad de presentar al personaje de Pepe el Romano, a quien nunca vemos en la obra de García Lorca.
Para la adaptación, que fue muy fluida, tuve dos fuentes invaluables: el ballet “A Feast of Ashes” (Un festín de cenizas) de Alvin Ailey, que yo había visto en 1975, una década antes de la versión del TDM. La otra fuente fue la siempre recordada doña María Ugarte, quien me ayudó a sintetizar las ideas de una obra teatral tan llena de rico verbo. Ella escribió la sinopsis para el programa impreso.

6- Durante un ensayo de Romeo y Julieta en el Teatro Nacional, en la coreografía titulada 9 minutos y 33 segundos basada en una performance de John Cage (1952), ocurrió algo interesante cuando los utileros fueron a retirar las piezas de la coreografía anterior… ¿lo comparte?
Como John Cage quería que la presencia inquieta del público ante la “nada” musical fuera realmente la performance, cuando durante aquel ensayo los utileros entraron al escenario a recoger piezas de la escenografía de “Noche Transfigurada”, mientras Leda Cuello y un servidor esperábamos inmóviles que pasaran los casi cinco minutos de silencio antes de que empezara la música, decidimos incluirlo en la coreografía final. Fue toda una experiencia escuchar los susurros del público, que se preguntaba qué rayos estaba pasando. El magistral Héctor Báez nos hizo una foto estupenda de ese montaje.

7- ¿Cómo se involucran en el TDM Felipe Vicini, José Miura y otros profesionales? Se percibía en ustedes, más que una relación profesional, una amistad que ha perdurado después de la desaparición del Taller de Danza Moderna.
A esos dos nombres debo agregar los de otros no-bailarines: Cándido Bidó, Elsa Núñez, Jorge Severino, el arquitecto Teófilo Cruz, Jochi Russo, Ada Balcácer, Crismar, Oscar de la Renta, Bienvenido Bustamante, José Antonio Molina, Geo Ripley, Giulia Barrera, Milagros Beras y Jordi Masalles. Todas son y (en el caso de los ya difuntos) fueron personas de gran sensibilidad artística y altruista, amantes de la aventura creativa, a quienes no hubo que convencer para que colaboraran en los montajes. Es interesante mencionar que durante muchos años nadie cobró un centavo por su participación en esos espectáculos. Trabajábamos por amor al arte, con una mística conmovedora y estimulante que no he vuelto a encontrar. Cuando recuerdo que el montaje de “Bernarda Alba” costó dos mil pesos, no sé si reírme o llorar. Todo se ha vuelto demasiado costoso.

8- Un cierre hace suponer una crisis o el final de un camino. ¿Por qué cierra el Taller de Danza Moderna?
El TDM tuvo que ser cerrado por dos razones. La primera es que con el siempre creciente costo de la vida, los gastos del estudio alquilado en Plaza Paraíso iban aumentando más allá de nuestras posibilidades. La segunda es que los integrantes tenían cada vez menos tiempo para ensayar y trabajar los montajes para lograr el nivel a que estábamos acostumbrados. Casi todo el mundo tenía que trabajar más horas en otras actividades para cubrir sus gastos. Llegó el momento en que nos dimos cuenta de que el Taller de Danza Moderna tenía que cerrar sus puertas para dar paso a otras escuelas. Tuvo diez años de existencia. Hoy día, los que podemos seguimos entrenándonos todos los sábados en el centro de salud “Control Fit” de Virginia Acosta, quien fue integrante destacada del Taller.

9 -Durante la celebración del Primer Congreso Nacional de Danza en el 2014, en su conferencia usted abogó por la conservación del repertorio clásico en el Ballet Nacional. Sin embargo, este año, la compañía oficial presentó dos propuestas muy contemporáneas, lo que supone la continuación de una trayectoria. Además, al existir el Programa Nacional de Danza Contemporánea (PRODANCO), ¿cómo vislumbra esta situación?
Como en 2014, creo que una compañía estatal que trabaja la técnica clásica debe tener un menú variado: ballets tradicionales, neoclásicos y contemporáneos, porque de otra forma el público y los danzantes se están perdiendo de un acervo cultural e histórico muy valioso. Es como si una orquesta sinfónica solamente tuviera en su repertorio obras contemporáneas: muy encomiable, pero el público y los músicos se merecen conocer también a Bach, Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Tchaikovsky, Rimsky-Korsakov, Saint-Saëns, Mahler, Bruckner, etc. Creo que no debemos restar ballets del repertorio, sino sumar con lo nuevo con lo antiguo. Hoy día, la globalización permite adquirir coreografías de los grandes creadores. Sería una pena no aprovechar las coreografías de Balanchine, Jerome Robbins, Martha Graham, Jiri Kylian, Mats Ek, Hans van Manen, John Neumeier, y muchos más. Porque seamos una isla no quiere decir que debamos aislarnos.
Creo que el Programa Nacional de Danza Contemporánea está haciendo una labor encomiable, creando y formando con una perseverancia y un talento admirables. La capacidad de la danza moderna y contemporánea está instalada en República Dominicana.
10- Finalmente, si se le pidiera hacer un diagnóstico de la situación actual de la danza académica dominicana, ¿qué diria?
Que nunca me imaginé poder ver el nivel que se ha alcanzado en la actualidad. Nuestros bailarines ya están a nivel internacional. El avance técnico que vemos evidenciado en las presentaciones es admirable, y quisiera que el público conociera más y mejor a sus estrellas de la danza. En eso el deporte nos aventaja, pues en los medios de comunicación se identifica y sigue regularmente a las y los deportistas más destacados. Espero ver el día en que las secciones de arte cada día hablen de una de nuestras estrellas de la danza.

 

Ahora, frente a mí en su modesta casa, decorada con sencillez y buen gusto, sé que nunca se fue ni se retiró, solo buscaba respuestas y las encontró: el teatro y la danza son la verdadera religión, me dice en tono rotundo. Eduardo Villanueva  se reinventa y reinventarse no está al alcance de todo el mundo.

1 Comentario en Entrevista a Eduardo Villanueva

  1. Jorge, hasta ahora es que leo esta entrevista. Ni conocía de su existencia. ¡Qué sorpresa haberla encontrado, y gracias por este aporte!

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