El delicioso bocadillo de los colegas

Por Jorge Mendoza

Si el chisme no fuera un bocadillo tan delicioso no encontraría tantos comensales golosos.  Tu opinión, multiplicada y enriquecida por un sinnúmero de versiones aproximadas, no supone ningún riesgo si se ignora quien lo dijo. Además, lo que se dice corre a mayor velocidad que la sospecha de quien lo pudo haber dicho. Haz la prueba: intenta alcanzar una calumnia antes que esta le dé la vuelta al mundo varias veces, hasta expirar moribunda en la puerta de tu casa.

Encontrarse una noche en ese restaurant o cafetería, entre amigos, conocidos y hasta agregados casuales, te lleva a medir qué decir, qué callar, porque la tentación de decirlo todo te retuerce la lengua. ¿Quién no ha sentido esa confianza instantánea revoloteando alrededor del chisme?; ¡el estar ahí justo en el momento en que el chisme burbujea y hace erupción, cuando los oídos se aguzan para no perder detalles y los ojos evitan pestañear mientras aguantamos una sonrisa irónica!… claro, chismear no significa que seas chismoso…

Incluso, debo aclarar que no todos los colegas disfrutan el chisme, aunque carezco de pruebas para demostrarlo. Cuando la noticia o el rumor son muy buenos, nadie quiere quedarse fuera de la fiesta. Son esas ocasiones especiales en que te consideran poco confiable si te eximes de participar. Es decir, eres un chivato en potencia.

También acude a la mesa de los buitres algún espíritu noble que se niega a burlarse de las estupideces del otro, pero no para de reír del chiste. A ese, por buena gente, en lugar del infierno le tocara el limbo, donde aprenderá a tomar partido.

¡Quien diría que el antiguo pasatiempo de las comadres en horas de ocio encontraría nuevos espacios al aire libre! Es curioso comprobar que bajo la mirada maliciosa del chisme se escuchen verdades audaces condicionadas por la confidencialidad. El valor para decir ciertas verdades se acrecienta en el anonimato…

Crítica y chisme son categorías que ejemplifican niveles ante un mismo fenómeno; en este caso, un espectáculo. Una crítica, (relacionada con la palabra crisis), es una opinión elaborada, análisis, juicio. Un chisme –que no necesariamente reproduce lo falso- es cotilleo, murmuración, que se presenta como comentario, chercha, relajo, can, para guardar las apariencias,  adobado con humor y malicia para que motive la participación colectiva. Además, si es mentira y si mientes con gracia, poco importa. La cuestión es decirlo como si nada en la vida te importara, conservando un halo de inocencia. No se miente per se, es la imaginación que confunde al pobre artista.

El chisme aflora en la conversación informal, donde también surgen los prejuicios y las ideas preconcebidas; no hay censura previa; a lo sumo, se da la contradicción entre amigos que comparten una copa, pero sin culpables que pidan perdón por sus íntimas confesiones.

El chisme es publicidad boca a boca, agregando el hecho de que eres el centro de atención mientras sueltas el libelo por esa boquita que te dio nuestro Señor. Un desahogo ante tanta horas de teoría del carajo, merece que uno se ría un poco a costa del otro, porque eso de reírse de uno mismo puede dañar la autoestima. Creo que lo dijo Freud, y si no lo dijo, da igual.

Cada artista debe tener el valor de admitir, a lo largo de su carrera, cuáles son sus hijos bastardos. En ese proceso de escuchar las opiniones que se dan a cara a cara debes soportar con estoicismo el comentario evasivo, el elogio hipócrita, la verdad sin tacto; cuando tus compañeros se cohíben de opinar por temor a ofender (según dicen la verdad ofende), aprendes a  interpretar ese sutil lenguaje de miradas a tu alrededor y a guardarte la impresión ajena como si la ignoraras. En esa simulación no pocos caen en el cinismo.

No parece elegante contestar una crítica y es pérdida de tiempo enojarse por un chisme, salvo cuando participas en uno. El chisme, como la prostitución, tiene sus zonas de tolerancia, no discrimina sexo ni tiene preferencia sexual; crea la ilusión de estar con íntimos amigos, una sensación de complicidad que termina cuando se acaba la reunión. Entre risas, bebidas, te sale ese oscuro bichito malo que va ganando valor y tamaño con cada trago, la mirada se torna vidriosa, los labios se estiran  como un arco a punto de escupir una flecha y el volumen de la voz se torna delicioso…

Buena parte del  éxito de las revistas del corazón, los programas de variedades, la prensa amarilla, esta en seguir indiscretamente la vida de las estrellas. No han valido argumentos de peso para desterrar el gusto por ellas; nadie es capaz de aguantarse la comezón de comentar cuando existen personas que hacen de sus vidas un espectáculo. Con el mismo fervor habrás pedido a Dios librarte de la lengua de tus compañeros cuando llegue tu turno. Es interesante que el sujeto que protege su intimidad celosamente asome con el mismo afán su nariz en la vida ajena.

Te da vergüenza admitir que disfrutas el chisme cuando estalla entre gente de tu confianza. Y reclamas el mismo respeto para quienes lo cuentan, porque si ellos caen, tu cabeza también rueda…

Pues admítelo,  te gusta el chisme…aunque no seas chismoso.

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